Gracias
amigabloguera Candela, por darme un empujón para compartir estas reflexiones:
Algunas lo sabéis porque me seguís hace años (años ya?? buuuffff), otras todavía no. Soy huérfana. Mi padre murió en agosto de 1996, a causa de un cáncer de páncreas, y mi madre murió en agosto de 2007, a causa de un cáncer de hígado, entre otras afecciones multiorgánicas. Sé que son datos muy íntimos, pero a las enfermedades hay que nombrarlas, igual que a las personas, para que existan. Aquí en Mallorca, antiguamente (y todavía se conserva en algunos pueblos),a la gente que moría de cáncer se le decía que había muerto "d'un mal dolent" (cuya traducción literal sería "de un dolor malo") y creo que el eufemismo por excelencia para nombrar el "cáncer" es decir que la persona ha fallecido "a causa de una larga enfermedad". Pero este post no va de cáncer, sino de supervivencia emocional.
Cuando murió mi madre, contrariamente a lo que se suele decir en estos casos, que con ella "murieron" muchas cosas... yo puedo afirmar que con ella "vivieron" muchas cosas dentro de mí. Algunas revivieron y otras nacieron en mi interior, como la resiliencia. Descubrirme resiliente ha sido algo que me ha servido para quererme más, para aceptarme más y para comprender y aceptar a mi familia. No hay nada que ayude más a conocer una familia como observar cómo interactúan sus miembros cuando faltan la(s) persona(s) que la sustentaba(n). En el caso de mi familia era mi madre la que nos aglutinaba, la que nos cohesionaba y nos daba sentido, la que nos inculcó los valores necesarios para ser las buenas personas que ahora somos. Y su muerte ha sido la que ha propiciado que quiera ser mejor cada día, que haya iniciado un proceso de crecimiento personal sin precedentes y que me reinvente a mí misma hasta el punto de renombrarme. Porque mi nombre es Maria Magdalena. Y desde pequeña me han llamado de diversas formas: Marilena, Marilén, Magdalena... hasta que cuando tuve 17 años decidí que me llamaran Malén. Y todo el mundo se tuvo que acomodar a este nuevo nombre que yo elegí para mí.
Y así hasta los 39 que tenía cuando murió mi madre. Y desde entonces, y en su honor, porque ella me llamaba Lena, quiero nombrarme Lena, porque soy más Lena que nunca. Y quiero que me llamen Lena, aunque sé que a muchas personas les cuesta hacerlo. A veces me pongo en el lugar de estas personas y las comprendo, sé que cuesta mucho adaptarse a un nuevo nombre ajeno, incluso os puedo asegurar que cuesta adaptarse a un nuevo nombre propio.
Soy Lena porque he dejado de ser Malén. No puedo ser la misma desde que murió mi madre y renombrándome estoy buscando mi nuevo sitio en el mundo. Llevo 3 años, 3 meses y 17 días acomodándome, recolocándome en un mundo sin ella. Aunque ahora sé con certeza que el mundo no está sin ella, ella es el mundo, ella es toda mi universa, pura energía que me mueve y me conmueve.
Y así han ido pasando los días con mi nuevo nombre, como transcurren las estaciones y las nubes, de manera natural. Curiosamente, mi libro de cabecera desde hace tres días es
ZAMI, una biomitografía. Una nueva forma de escribir mi nombre, de Audre Lorde*
Os dejo con un pedacito del epílogo:
"Cada mujer a la que he amado en mi vida ha dejado su huella en mí, y en ella he amado alguna parte inestimable, separada de mí -tan separada que tenía que estirarme y crecer para reconocerla. Y este crecimiento ha provocado nuestra separación, lugar en el que comienza cualquier trabajo. Otro encuentro. (...) El marco de aquel lugar había sido mi hogar durante siete años, el tiempo que el cuerpo humano necesita para renovarse por completo, célula a célula. Y en aquellos años mi vida se había convertido cada vez más en un puente y en el terreno de las mujeres. Zami.
Zami, nombre Carriacou que designa a aquellas mujeres que colaboran como amigas y amantes (...)"
Lena, mi nuevo nombre, que siempre ha sido mi nombre verdadero, pues es el que mi madre eligió para nombrarme, para llamarme y para que yo acuda a su lado.
Mumareta, in memoriam.
Abracitos salinos.
*Título original: Zami: a new spelling of my name. 1982. Audre Lorde. Publicado por Horas y HORAS la editorial, 2009.