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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Clara es nombre de gata: la última minina de la familia.

Me está costando mucho encontrar las palabras adecuadas para escribir este post. Las que me seguís, sabéis que suelo hablar de duelos (es un tema recurrente). Hoy quiero compartir el duelo que estoy viviendo por mi (nuestra) gata Clara. Una minina que ha vivido junto a mí 18 años y 7 meses y con Amapola desde que Amapola decidió dejar Madrid para venir a Palma, que cuando sucedió yo ya hacía seis años y medio que tenía a Clara y a su hermana Santa, mi familia gatuna. Y a Xina, mi familia perruna.

Nuestra gata Clara, al sol.
La historia continúa así: cuando hacía aproximadamente un año que Amapola y yo convivíamos y ya se había incorporado un nuevo familiar gatuno, nuestro gato Kawito, a ella le diagnosticaron varias alergias, una de ellas, a los gatos (y gatas). Esa noticia no fue una noticia cualquiera. Teníamos que tomar una decisión pues eran tres animales en la familia que se habían convertido de repente en un foco alergeno para mi amada Amapola. La alergóloga le dio a Amapola un ultimátum: o dejaba de convivir con mininos y mininas o se exponía a vivir pegada a antihistamínicos, inhaladores, etc. etc... con las consecuencias a largo plazo que esto podía suponer para el deterioro de su salud pulmonar. Amapola no se lo pensó dos veces: escogió la familia gatuna. Un acto de amor, pero no como cualquier otro. Un acto de amor arriesgado, como sólo pueden ser los actos de amor, al fin y al cabo. Y no por arriesgado, dejó de ser un acto de amor meditado, pues le llegó a continuación mi cuestionamiento sobre si estaba haciendo lo correcto, si lo había pensado bien, mira que es tu salud, etc. etc. incluso yo le llegué a sugerir que podríamos buscar a alguien que quisiera adoptar a las gatas y al gato... (reconozco que lo sugerí con el corazón encogido sólo de imaginarme que tendría que desprenderme de parte de la familia).
Entonces es cuando Amapola se pronuncia contundentemente: ¡de aquí no se mueve nadie, esta es nuestra familia!!
Y así hemos seguido todos estos años (con las precauciones de vetarle a nuestra familia gatuna la entrada a nuestra habitación), extremar la limpieza y con el esfuerzo sobrehumano por parte de Amapola de no acariciarles para no empeorar su salud. Ha tenido que ser un proceso de adaptación lento, y llegamos al acuerdo de que yo debería doblar mis caricias y acariciarles de mi parte y también de la suya, por supuesto. Por su parte, nuestra gata Clara, nunca ha dejado de establecer con Amapola una conexión exclusiva, no mediante el tacto, sino con un lenguaje propio (una especie de maullido extraño) y que solamente entendían ellas dos. Y estos días atrás, debido a que ya eran varios los achaques que iba sumando nuestra gata sobre su salud desde hacía tiempo, agravados en las últimas semanas, hemos tenido que aceptar que Clara ya no tenía una vida digna y ayudarla a que tenga una muerte al mismo nivel que ha tenido su vida: llena de amor. Y como acto de amor hemos dado los pasos necesarios, tristes desde la decisión y duros en su ejecución, para que nuestra gata Clara deje de sufrir.

Ayer tarde, después del paso por la veterinaria, emprendimos camino hacia LLubí, a 40 kilómetros de Palma, bajo una lluvia intensa y persistente. Allí enterramos su cuerpo en la tierra húmeda, donde ya descansa junto a Sam y Ros, los dos perros de mi cuñado Joan y mi hermana Tere. Y así es como Clara vuelve a la pachamama para alimentar al laurel que hay sembrado junto a ella y para demostrar que el ciclo de la vida y la muerte se retroalimenta, incesantemente. Sin que apenas lo percibamos, o sí.

Lo que siempre llevaremos en nuestro corazón es su amor, su calidez, su dignidad de gata atigrada y todo lo que hemos aprendido gracias a ella y junto a ella y al resto de familia gatuna y perruna: y es la certeza absoluta de que la especie humana tiene mucho que aprender todavía de los animales y que la civilización no se mide por la tecnología, sino por cómo la humanidad trata a los animales.

Clarita bonita, mi Maricler, gracias por tanto amor. Y gracias, Amapola, por elegir la familia gatuna aquel día y todos y cada uno de los días que siguieron, porque es gracias a ti y a personas como tú y como la abuela-cuidadora de Clara, nuestra querida amiga Mónica Rossetti, que confío en que la especie humana algún día... se podrá llamar civilizada.


Nuestra gata Clara, después de escuchar mi macauuuuuuuuuuu.
Ahora ya comprendéis un poco mejor el título del post. Clara ha sido la última minina de la familia, por la salud de Amapola!! Aunque no descartamos en un futuro aumentar la familia canina, jejeje... todo llega!!!

Por nuestra gata Clara 1994-2012, in memoriam.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Antropología visual y webnografía

Ya sé que suena raro eso de "webnografía"... imagino que en mayo del año que viene, cuando haya terminado este curso que empezaré en diciembre, ya sabré lo que es...  y os lo contaré (o con fotos o con vídeos, pues es el trabajo de fin de curso).


Entrada dedicada a pena mexicana, porque somos dos almas antropólogas y la distancia nos une, allá donde estemos. Feliz viaje hacia tu origen, amiga!!


Maremar... doneu-nos pau!

martes, 13 de noviembre de 2012

Cerrado por huelga general

He encontrado por la red un lema en una pancarta que me ha encantado: "A más azul fascista, más violeta feminista"