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lunes, 22 de agosto de 2011

Alè d'amor

Si pudiera, eliminaría el mes de agosto del calendario. Sé que es un deseo algo excéntrico e inútil, porque eliminarlo no arregla nada del pasado, incluso sería cerrar la puerta a cosas buenas del futuro. Lo que sí arreglaría en estos momentos es que tendríamos en Mallorca un mes menos de calor, que ya sería un alivio inmenso y un mes menos para soportar playas multitudinarias, repletas hasta por las noches! y es que el calor es muy malo!!

Pero mi deseo de eliminar el mes de agosto no es debido al exceso de temperatura ambiental o a la concurrencia de las playas... sino porque en este mes llamado agosto, al que antaño llegué a llamarle el "agustito", ha coincidido que mi padre, hace ya 15 años, y mi madre, hoy hace justo 4 años, fallecieran. 

Ha vuelto el 22, como todos los años. Y hoy no ha habido un diluvio universal, como lo hubo hace 4 años, lo que sí que hay en mi corazón es "recança" (una palabra a la que no le encuentro traducción), pero que LLuís Llach supo colocar estupendamente en una canción inolvidable: "Maremar".

Cuando yo me muera, quiero que las personas que me sobrevivan y que me quieran, escuchen juntas una canción, precisamente de LLuís Llach, viendo una puesta de sol en mi isla natal, mirando a la mar. Esta canción se titula "Alè" (Aliento) y su letra es la que os transcribo a continuación (primero en su versión original en català y después en castellano).

ALÈ

Ara que els meus ulls entreveuen
la serenor del meu capvespre
aprenc certesa en la veritat
que abans endevinava:
Jo només tinc un desig d’amor,
un poble i una barca.

De tants ahirs que s’esllavissen
guardo regals que ni esperava
petxines plenes de bells tresors,
dolors que em fan mestratge,
que amb avarícia d’infant voraç
aplego en l’equipatge,
però només tinc un desig d’amor,
un poble i una barca.
Desig d’amor per no perdre mai
el plaer d’enamorar-te,
un poble que em deixi compartir
la joia d’estimar-se
i una barqueta, per si la mar
la mort volgués donar-me.

Que amb això em basta
si amb mi tinc els astres,
astres càlids que em són lleials,
que de nit veig en el cel
i de dia en tots (i totes) vosaltres.

I tot passant les primaveres
la vida haurà de despullar-me
d’inútils túniques per al camí que
duu cap a l’essència
on només cal un desig d’amor,
un poble i una barca...

Arribar nu de formes vanes
al gest adust que tot ho acaba,
havent entès que per tant d’amor
la fi vols amagar-me.
Llavors potser si el cos m’ho permet,
et deixaré enganyar-me.
Me n’aniré amb un desig d’amor,
un poble i una barca.
Desig d’amor per no perdre mai
el plaer d’enamorar-te,
un poble que em deixi compartir
la joia d’estimar-se
i una barqueta, per si la mar
la mort volgués donar-me.

Digueu-els-hi estrelles!
Mátia, Mátia einai t’astéria!
Chiamateli astri!
Llamadles luceros!
Kacvkib! Etoiles! Ko àbim!

Digueu-els-hi estrelles!


ALIENTO
Ahora que mis ojos entrevén
la serenidad de mi atardecer,
aprendo certeza en la verdad
que antes adivinaba:
Yo sólo tengo un deseo de amor,
un pueblo y una barca.

De tantos ayeres que se deslizan
guardo regalos que ni esperaba,
conchas llenas de tesoros,
dolores que son mi magisterio,
que, con avaricia de niñ@ voraz,
reúno en el equipaje,
pero sólo tengo un deseo de amor,
un pueblo y una barca.
Deseo de amor para no perder
nunca el placer de enamorarte,
un pueblo que me deje compartir
el gozo de amarse
y una barquita, por si la mar
la muerte quisiera darme.

Que con esto me basta
si conmigo tengo los astros,
astros cálidos que me son leales,
que de noche veo en el cielo
y de día en tod@s vosotr@s.

Y con el paso de las primaveras
la vida tendrá que desnudarme
de túnicas inútiles para el camino
que lleva hacia la esencia
donde sólo es necesario un deseo
de amor, un pueblo y una barca.

Llegar desnud@ de formas vanas
al gesto adusto que todo lo acaba
habiendo entendido que por tanto
amor mi fin quiere ocultarme.
Entonces si el cuerpo me lo permite,
dejaré que me engañes,
me iré con un deseo de amor,
un pueblo y una barca,
deseo de amor para no perder nunca
el placer de enamorarte,
un pueblo que me deje compartir
el gozo de quererse,
y una barquita, por si la mar
la muerte quiere darme.

Digueu-els-hi estrelles!
Digueu-els-hi estrelles!
Chiamateli astri!
Llamadles luceros!
Kawakib! Etoiles! Ko àbim!

Letra de la canción bajada de la web oficial de LLuís LLach.


Papà, mamà, manito... in memoriam!! 

martes, 31 de mayo de 2011

Mi vecina Encarnita

Cuando ayer noche mi hermana me llamó diciéndome que había muerto Encarnita, no me lo podía creer. Enfermó hace un año y medio y falleció en la madrugada del domingo, cuando su familia había viajado a Palma desde Granada. En sus últimos días no quiso ser ingresada en el hospital, esperó a tener reunidos a sus seres queridos para morir serenamente, lúcida hasta el último suspiro. Esta mujer es la vecina que toda familia desearía tener. O que toda familia ha tenido o tiene. Porque, a pesar de hacer ya muchos años que se mudó del barrio donde nos conocimos, en el de la casa de mi madre, donde yo pasé mi infancia desde los 7 años, mi adolescencia y mi juventud, Encarnita siempre fue "mi vecina". Recuerdo cuando vivíamos en el segundo piso, puerta con puerta. Ella, su marido y su hijo en el segundo A y mi familia en el segundo B. Cuando mi madre me llevaba al "terrat" a tender la ropa (terraza comunitaria de la finca, arriba del todo del edificio), y veíamos desde allí el ático enooooorme que había en el quinto piso, mi madre siempre me decía: "ojalá viviéramos aquí, con esta terraza tan grande y estas vistas... yo sería feliz" y mi madre, que ya sabéis que tenía línea directa con la madre universa y utilizaba la ley de la atracción sin ser consciente de ello, lo consiguió!! al cabo de tres años la mujer que vivía sola en el ático, la señora Grifo (recuerdo su apellido!!), se lo vendió al constructor, el señor Hilario, y éste nos permutó el segundo piso nuestro por el ático que mi madre soñaba con tener... y nos mudamos!!! pero Encarnita, lógicamente, siguió siendo "nuestra vecina".

Por esos entonces, a finales de los setenta, fue de las primeras en poner teléfono fijo y como en mi familia no teníamos, dábamos su número para casos de necesidad o alguna urgencia. Recuerdo cuando Encarnita llamaba por el patio de luces a mi hermana Tere para avisarle de que teníamos llamada telefónica desde Buenos Aires (donde residía parte de mi familia materna) aunque ahora nos parezca algo anacrónico esos fueron momentos muy emocionantes. Bajábamos casi toda la familia corriendo los tres pisos para charlar por turnos!!

En el verano de 1985, cuando yo tenía 17 años y medio, viajé con Encarnita y con su hijo Mario a Baza (Granada), su tierra natal y a Málaga (Fuengirola y Marbella) dónde trabajaban Charo y Loli, sus hermanas. Fue un verano maravilloso que siempre quedará grabado en mi memoria.

Encarnita le vendió un Renault 6 a mi hermana Tere, aún recuerdo la matrícula: GR 1233 A. Era de color granate y tenía las marchas arriba. Fue el primer coche que pude conducir después de sacarme el carné.

Tengo muchos recuerdos, muchos...

Y hoy, acompañando a su familia en su casa antes de su funeral, he sentido de nuevo todas las emociones vividas antaño. He pensado que Encarnita ha sabido vivir y amar intensamente y, como maestra, ha sabido transmitir a su alumnado la fuerza y la pasión por la vida.

Gracias, preciosa, por darme tanto cariño y comprensión en mi infancia y gracias también a tu marido Bernardo, porque él fue el primero en descubrir mi lesbianismo (casi antes que yo misma) y supo tratar este tema con una delicadeza exquisita que solamente he podido apreciar con el paso de los años.

Tu vida ha sido un ejemplo de coraje y de valentía. Me quedo con tu sonrisa y con tu inmensa capacidad para hacer felices a las personas que te hemos conocido y querido.

Ha sido tu último deseo descansar junto a tu padre en el cementerio de Baza. Allí reposarán tus cenizas.

Querida Encarnita, vecina y amiga, disfruta de este viaje, de este proceso, saluda a mi madre que seguro que la encontrarás cosiendo como siempre o charlando tranquilamente junto a tu padre mientras disfruta de las inmejorables vistas que ofrece la madre universa.

Encarnita, in memoriam!

sábado, 19 de marzo de 2011

Mudando-nos

Cada cuatro años se inicia un nuevo ciclo en mi vida relacionado con las casas en las que habito con mi familia: Amapola, Gulli, Lis y Clara. En el 2003 nos fuimos de Palma y nos mudamos a un pueblo del interior de Mallorca, Costitx. En 2007, unos meses antes de fallecer mi madre, nos mudamos de nuevo a Palma y ahora, cuatro años más tarde, nos volvemos a mudar dentro de la misma ciudad.

Vuelvo al barrio de mi infancia, donde crecí y viví hasta los 6 años. Hoy he disfrutado de pasear a Gulli y a Lis en un parque que mantiene mucho de lo que había entonces casi intacto. En el paseo de las palmeras, que está encima del puente, yo aprendí a montar en bicicleta; con mis amigas y amigos conseguimos unas cerbatanas caseras (con tubo de PVC) y hacíamos guerrillas de dátiles de un lado a otro de la calle principal. En esa misma calle vivían tres hermanas: María, Feli y Virginia, con las que me pasaba el día entero jugando y a las que recuerdo con mucho cariño. Feli, la mediana, era un poco más mayor que yo y era con la que me llevaba mejor, su hermana mayor, María, era muy guapa y muy tímida, Virginia, la pequeña, era la más gamberra. No las he vuelto a ver nunca más y me encantaría saber de ellas, bueno, hace muchísimos, muchísimos años coincidí con Feli en la calle, pero desde entonces no sé nada más. No recuerdo sus apellidos, por tanto, no puedo rastrearlas en las redes sociales.

Volver a pasear por las calles cercanas a la casa en la que viví me hacen sentir una nostalgia agradable, es como sentir que mis raíces siguen firmes, como si pudiera escuchar la risa de mi madre o su beso de buenas noches. Nos vamos acercando más a nuestro sueño de vivir cerca de la mar... sigo deseándolo con mucha fuerza y sé que tarde o temprano será realidad.

En estos momentos estoy agotada por la mudanza y muy feliz por ver el sol entrar por el balcón acristalado. Desde aquí puedo ver el Castell de Bellver por las noches como si fuera un espejismo iluminado entre tanta oscuridad.

No pienso perderme la súper luna de esta noche... desde nuestra pequeña terraza podremos disfrutar su brillo y su tamaño aumentados por un efecto óptico milagroso. Será una luna romántica para una pareja romántica.

Está claro, podemos cambiar de casa mil veces, pero mi hogar seguirá estando donde esté mi amada Amapola. No imagino ningún sitio mejor.

Abracitos salinos

P.D.: y cambiando de tema... aúpa Atletiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

domingo, 22 de agosto de 2010

La tristeza también se huele...

...no sólo el miedo. Que se lo pregunten a mi perro Gulli, que no ha parado de seguirme, de la terraza a la cocina, de la cocina al baño, del baño al salón... allá dónde yo me movía, él detrás. Ahora mismo está tumbado a mis pies mientras escribo. Dicen que los perros y las perras huelen el miedo. Hoy, concretamente, sé que mi sensible perro huele mi tristeza. Una tristeza, en donde, como dice Ici Cioran, todo se vuelve ALMA. Hoy sólo soy alma, porque quiero ser alma. Hoy no estoy sociable. Hoy elijo conectarme conmigo misma y, desde mi interior, continuar conociéndome un poco más. Iré con la madre mar a zambullir mi pena, a ser el líquido y salado elemento que siempre me acoge, volveré a danzar mientras celebro el misterioso milagro pagano de la vida y de la muerte. No hay ningún secreto en mi tristeza. Hoy es día 22 y se cumplen 3 años exactos de la muerte de mi madre. Revivir su muerte es honrar su vida. Celebrar su vida es honrar su muerte. Mi madre es energía y está dentro de mí. Soy una mujer fuerte y sensible que decide vivir plenamente. No se me ocurre mejor manera de honrar y de amar a mi madre.

Mumareta, in memoriam. T'estim!

jueves, 1 de abril de 2010

escuchar el timbre de su voz

Hoy he hablado por teléfono con ella. Y su voz era la de siempre. No recuerdo para nada el contenido de la conversación, aunque sí la sensación que me ha dejado nada más despertar. Sí. Hoy he hablado por teléfono con ella y ha sido maravilloso escuchar el timbre de su voz otra vez, nítido y cálido.
Hoy, mi madre me ha hecho un hermoso regalo en forma de sueño. Gracias, mamaíta.

T'estim.

viernes, 8 de mayo de 2009

Tangos

Estamos cambiando los muebles de sitio. Época de primavera-verano. Y aprovechamos para tirar todo aquello innecesario que llegamos a acumular al cabo de los años. Y entre montañas de libros, CD's, cachivaches varios... aparecieron las cintas de cassette de tangos... que escuchaba mi padre. Mi padre fue un apasionado de los tangos... nunca le vi bailarlos, pero me consta que en su juventud lo hizo. Cuando cortejaba con mi madre, ambos eran muy jóvenes y vivían en el barrio palmesano de Son Espanyolet. Mi madre tenía 14 años y mi padre 17. Eran vecinos, vivían puerta con puerta, pero en aceras distintas, de la misma calle. Uno enfrente de la otra. Cuando llegaba la hora de despedirse, mi padre dejaba a mi madre en su puerta y se iba a su casa a cenar. Entonces, mi padre, una vez que había cenado, se marchaba sigilosamente hacia el Montepío, sito en la calle Fábrica, donde había un salón de baile. Y se pasaba la noche bailando tangos...
Mi madre, al día siguiente, le preguntaba a la que sería su suegra (mi abuela)... Teresa, en Toni a quina hora se'n va anar a colgar anit?
(Teresa, ¿Toni a qué hora se fue a dormir ayer noche?)
y mi abuela Teresa, compinchada con mi padre, que era hijo único, le contestaba... Prest, molt prest, just després de sopar.
(pronto, muy pronto, inmediatamente después de cenar)
Y es que en un barrio pequeño todo se sabe... llegaron a oídos de mi madre que mi padre iba a bailar por las noches...
Me hubiese encantado ver bailar a mi padre, aunque hubiera sido una sola vez. Cuando yo nací mi padre tenía 44 años, y no recuerdo nunca haberle visto bailar. Eso sí, en su radiocassette siempre, a todas horas, estuviera donde estuviera, escuchaba tangos: Carlos Acuña, Carlos Gardel... esa música que desgarra, ese lamento continuo... los tangos me tocan la fibra, llegan hasta lo más profundo de mi corazón y lo revolucionan.
El último día antes de morir, mi padre me pidió un favor. Me dijo, Lena, ves a comprarme una cinta de tangos... era en agosto de 1996. Bajé a la calle, yo ya sabía que encontrar una cinta de tangos que mi padre no tuviera era casi imposible... después de mucho buscar, al final le compré una, que creo que tenía repetida. A él no le importó. Tan enfermo como estaba se limitó a ponerla, torpemente, cerró los ojos y disfrutó de la que fue su última canción. Ahora sé que el pedirme a mí que fuera a comprarle la cinta, fue un gesto de amor. Y para mí, ofrecerle esa cinta de cassette, significó mucho más que lo que a simple vista parece. Fue un gesto de complicidad. Sin palabras. Mi padre me estaba pidiendo perdón por no haberme comprendido. Ahora, con la distancia, lo veo claramente. Mi padre nunca entendió ni aceptó mi lesbianismo. Y ahora sé que mi padre quiso, a su manera, decirme que me quería.
Han transcurrido casi trece años... y cada vez que escucho un tango me emociono.

No las quiero tirar, le dije a Amapola, estas cintas de tango las guardamos.
Aunque no me atreva a escucharlas...