viernes, 20 de abril de 2007

el sindicato horizontal de las flores

Existe una estructura inmensa y anónima en la que se apoya todo, seamos conscientes o no. La energía fluye y se transforma continuamente delante de nuestros ojos, oídos y olfatos por más que lo ignoremos. También nuestra piel es escenario de intercambios y en ocasiones notamos inundado el paladar de recuerdos y sentimientos del fondo del mar.

Esta mecánica de lo vivo, esta física y química sin exámenes, ni juicios, ni interrogatorios... está a nuestro alcance en las pequeñas cosas vivas. Como, por ejemplo, en las amapolas. Esas preciosas y sencillas flores proletarias. Las amapolas nunca están solas. Viven en los lugares más humildes, las encontramos en las cunetas de las autopistas, les gusta reunirse entre los surcos de las huertas familiares, en el campo pedregoso e inhóspito que se deshecha para la siembra. Las amapolas silvestres están sindicadas. Militan en el sindicato horizontal de las flores. Las más conocidas militantes son rojas, aunque en su sindicato aceptan flores de cualquier otro color y condición. Además de proletarias, son solidarias con su especie. Abanderan la diversidad: existen amapolas blancas, las famosas adormideras, amapolas orientales de color naranja, incluso amapolas rosas. Todas ellas unidas hacen del paisaje un espectacular manifiesto, una oda a lo básico, un magnífico regalo para la humanidad. Y es que las amapolas reivindican la sencillez, la tan denostada "vulgaridad". No hay dos amapolas iguales, aunque ante nuestros ojos profanos todas nos parezcan la misma. Incluso en latín o en griego la amapola contiene delicadas letras que suenan a tiempos remotos: "ababol", "papaver", palabras redondas, rotundas. Hay quien incluso fabrica mermelada de pétalos de amapola, la versatilidad de esta flor es inmensa. En cambio, un ser humano como yo, que me identifico con lo simple, lo suave y lo ingenuo... me siento privilegiada, pues puedo decir que disfruto de una amapola especial: no una de las anteriores, de la especie vegetal, sino una amapola "encarnada" en el sentido más literal de la palabra...hecha carne, huesos, piel... una amapola que todos y cada uno de los días me hace estremecer, me reconcilia con la vida y da testimonio con su existencia de que la sencillez es la llave que abre todas las puertas y su militancia en la honestidad es un hermoso ejemplo que me cubre como un rojo manto. Todas las noches espero a que el sueño me encuentre abrazada a su tibio cuerpo. Os puedo asegurar que ésta es mi mejor militancia: el amor verdadero.


Foto extraída de las imágenes de Google.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Por estas cosas, son por lo que unicamente volveria a ir a una boda, las que se basan en el amor verdadero, me has emocionado y me siento muy orgullosa de contemplar a una pareja completa. os quiero. Mon

Anónimo dijo...

Las "palabras" son tan importantes,cuando comunican directamente desde el sentimiento... en un viaje continuo de ida y vuelta.
Viva el AMOR y su expresión.
Africa

Anónimo dijo...

Que puedo decir... no quepo en la silla del ordenador!!!!
Soy muy tímida y mi mujer hace que mi cara se ponga de un rojo amapola jajajajaja
Eres mi Lena bonita y rojilla.

Te quiero cariño.
Amapola

Lena de mar dijo...

Pues hagamos un carné de militantes de la flora rojillaaaa!!! jajaja

y amapola, la sekretaria generá!!!

Candela dijo...

Primero me has llevado a mi infancia escondiéndome entre trigos y amapolas, luego he pasado por la infancia de mi hija mayor (en su dormitorio hay un cuadro muy grande que es una foto que le hice con 5 años rodeada de amapolas y con un manojo de ellas en las manos). Cuando empieza abril no me pierdo ningún año ir a hacerles fotos, a olerlas (qué olor noble y sencillo) a mirarlas...

Y al final me has arrancado una sonrisa cuando hablas de tu amapola no vegetal. Se te sale el sentimiento por las palabras.

Hermosísimo, Lena.