Creo que desde que un día confundí una farola callejera con la luna llena, tengo algo especial con las farolas. Bueno, con algunas farolas. En el barrio donde vivimos, a escasos treinta metros del portal de casa, hay una farola enamoradiza. Cuando están todas encendidas al caer la noche, ella permanece apagada, a veces hace alguna intermitencia, enviándome mensajes secretos que sólo yo sé descifrar. Gulli, nuestro perro, me saca a pasear ya caída la tarde, en esa hora mágica que mi amiga Eva denomina "azul de noche americana" y que en menorca llaman "es fosquet"... y es cuando la luz de la ciudad experimenta una transformación tan hermosa que si existiera la carrera espacial, haría un sprint hasta alguna estrella, o hasta venus, siempre presente en el firmamento. Entonces y sólo entonces, es cuando ocurre: la farola indecisa espera pacientemente el momento justo en el que Gulli y yo pasamos por debajo para encenderse, para demostrar su pasión, su gozo ante nuestra presencia. Para brillar en todo su esplendor nocturno. Y Gulli y yo, nos hinchamos de orgullo ante el despliegue de tanta energía, ante tan bonita expresión de amor. Perro y yo, cómplices, nos miramos de reojo y le devolvemos el guiño a "nuestra farola favorita", que sin dejar de brillar, nos recuerda que cada ser viviente es único, cómo único es el sentimiento más hermoso: el amor, que tiene diversidad de formas para manifestarse, incluso en aquellos casos en los que a simple vista nos atreveríamos a denominar "amores imposibles". Y es que esta farola lesbiana y orgullosa es tremendaaaaa!!! jajajaComo dijo la filósofa María Zambrano (1904-1991): "no se pasa de lo posible a lo real, sino de lo imposible a lo verdadero".
Salut i amor!
Foto extraída de las imágenes del google.
2 comentarios:
Que linda la historia¡
la farola, el perro, la noche y tù.
Es poètico, es amor.
Muchas gracias, Pantera. Efectivamente, es amor. El amor mueve el mundo y enciende las farolas!!!
Salut!
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