La escritura es mi refugio. A ella regreso cuando me siento herida, como un animal que sabe que es vulnerable y necesita protegerse. Un dolor nuevo ha venido a visitarme. Un dolor que pertenece a las entrañas, al oscuro y caliente lugar donde empieza a gestarse la vida. Y también ha venido una pena nueva y ha decidido quedarse, acomodándose en la silla de mi corazón y cruzando las piernas con la intención de sentirse confortable y querer permanecer mucho tiempo.
La pena y el dolor que siento vienen a mí para avisarme. Para murmurarme al oído qué cosas son las verdaderamente importantes en esta vida. Para recordarme que no me deje vencer por las adversidades ya que, al fin y al cabo, la vida te retorna todo aquello que, de una manera consciente o inconsciente, tú le has ofrecido en un pasado.
No puedo racionalizar en estos momentos todo el dolor y la pena que debo sentir y que siento. Ahora es el momento del llanto, del abrazo, de las palabras sentidas de los familiares y de las amistades, que vienen a aguantar mi corazoncito con sus manos para que no desfallezca.
Y, ahora más que nunca, es el momento de que toda la familia permanezca unida. La familia de cerca y la de lejos. De sentir que nuestra madre, sa padrina, ha hecho una maravillosa labor durante sus más de ochenta años de vida. Que nos ha criado y educado para que aprendamos a identificar nuestras emociones, nuestros miedos y luchemos para superarlos. Hemos crecido con la caricia de sus manos, siempre en la tarea de la costura, hemos convivido con la honestidad de su gran corazón y con su risa o su sonrisa de complicidad para hacer de los malos momentos, nubes negras que se desdibujan y dejan paso a un sol lleno de ternura.
Mi madre siempre tuvo la palabra perfecta en el momento adecuado. Como nuestro abuelo Ramón. Y como yo no puedo negar que soy Castells hasta la médula, también quiero utilizar las palabras para que el viento las traslade al lugar exacto donde descansa su alma, llena del amor verdadero que ha sembrado toda su vida y que ahora, en el momento de su muerte, todos y todas vosotras le estáis retornando.
Mamaíta,
Ninguna pena nueva amansará esta pena
Ningú dolor será tan fuerte como el dolor de perderte
Siempre tendré la suerte de haber sido tu hija
Siempre tendré el gozo de que hayas sido mi madre
T’estim
Lena
La violeta, jueves 23 de agosto de 2007
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