viernes, 8 de mayo de 2009

Tangos

Estamos cambiando los muebles de sitio. Época de primavera-verano. Y aprovechamos para tirar todo aquello innecesario que llegamos a acumular al cabo de los años. Y entre montañas de libros, CD's, cachivaches varios... aparecieron las cintas de cassette de tangos... que escuchaba mi padre. Mi padre fue un apasionado de los tangos... nunca le vi bailarlos, pero me consta que en su juventud lo hizo. Cuando cortejaba con mi madre, ambos eran muy jóvenes y vivían en el barrio palmesano de Son Espanyolet. Mi madre tenía 14 años y mi padre 17. Eran vecinos, vivían puerta con puerta, pero en aceras distintas, de la misma calle. Uno enfrente de la otra. Cuando llegaba la hora de despedirse, mi padre dejaba a mi madre en su puerta y se iba a su casa a cenar. Entonces, mi padre, una vez que había cenado, se marchaba sigilosamente hacia el Montepío, sito en la calle Fábrica, donde había un salón de baile. Y se pasaba la noche bailando tangos...
Mi madre, al día siguiente, le preguntaba a la que sería su suegra (mi abuela)... Teresa, en Toni a quina hora se'n va anar a colgar anit?
(Teresa, ¿Toni a qué hora se fue a dormir ayer noche?)
y mi abuela Teresa, compinchada con mi padre, que era hijo único, le contestaba... Prest, molt prest, just després de sopar.
(pronto, muy pronto, inmediatamente después de cenar)
Y es que en un barrio pequeño todo se sabe... llegaron a oídos de mi madre que mi padre iba a bailar por las noches...
Me hubiese encantado ver bailar a mi padre, aunque hubiera sido una sola vez. Cuando yo nací mi padre tenía 44 años, y no recuerdo nunca haberle visto bailar. Eso sí, en su radiocassette siempre, a todas horas, estuviera donde estuviera, escuchaba tangos: Carlos Acuña, Carlos Gardel... esa música que desgarra, ese lamento continuo... los tangos me tocan la fibra, llegan hasta lo más profundo de mi corazón y lo revolucionan.
El último día antes de morir, mi padre me pidió un favor. Me dijo, Lena, ves a comprarme una cinta de tangos... era en agosto de 1996. Bajé a la calle, yo ya sabía que encontrar una cinta de tangos que mi padre no tuviera era casi imposible... después de mucho buscar, al final le compré una, que creo que tenía repetida. A él no le importó. Tan enfermo como estaba se limitó a ponerla, torpemente, cerró los ojos y disfrutó de la que fue su última canción. Ahora sé que el pedirme a mí que fuera a comprarle la cinta, fue un gesto de amor. Y para mí, ofrecerle esa cinta de cassette, significó mucho más que lo que a simple vista parece. Fue un gesto de complicidad. Sin palabras. Mi padre me estaba pidiendo perdón por no haberme comprendido. Ahora, con la distancia, lo veo claramente. Mi padre nunca entendió ni aceptó mi lesbianismo. Y ahora sé que mi padre quiso, a su manera, decirme que me quería.
Han transcurrido casi trece años... y cada vez que escucho un tango me emociono.

No las quiero tirar, le dije a Amapola, estas cintas de tango las guardamos.
Aunque no me atreva a escucharlas...

9 comentarios:

maslama dijo...

hola lena;
me dejaste sin palabras, es demasiado íntimo.. sólo gracias por compartirlo, estos detalles de la vida (por muy dolorosos que resulten) son la esencia del ser humano

besos,

Lena de mar dijo...

hola Maslama... ciertamente son la esencia, a pesar de ser nostálgicos. Forman parte de mí.

Un abracito salino y felino

Morgana dijo...

a mí también me has emocionado y qué linda la Amapola asintiendo, que me la imagino.

Sí, también lo veo claro... encontró una manera de decirte que te quería "por encima" de tu lesbianismo. Me resuena tanto... Jó, que facilona tengo la lágrima...

Yo guardo cintas de Super8.

Besos

Mari Triqui dijo...

Te entiendo... hay cosas imposibles de tirar... sería como tirarnos a la basura a nosotras mismas...
Me ha encantado tu post...
Muchos besos!

Ico dijo...

Hermoso post lleno de emoción e intimidad. A veces las personas dicen te quiero de distinta forma. un saludo

Pena Mexicana dijo...

Es curioso como los recuerdos se esconden el los lugares más inesperados y saltan a nuestro encuentro en momentos que parecen casuales, ¿verdad?
Gracias por compartir

Mármara dijo...

Qué bien que tu padre haya podido darte esa señal de su amor antes de irse. Quizás no entendiera ni compartiera tu lesbianismo, pero te quería y esa fue una manera maravillosa de demostrártelo.
A mi padre también le encantaban los tangos.

Marcela dijo...

un beso

Amapola dijo...

Vaya limpieza de cassettes que hicimos mi amora, fue una tarde de tangos, lástima no saber bailarlos. Siempre podemos aprender no?