Estoy limpiando la casa mientras escucho el álbum doble en directo de Luis Eduardo Aute y Silvio Rodríguez. Cuando llega el momento de la canción
"óleo de mujer con sombrero" siempre me pasa lo mismo: me pongo a llorar. Y es que esta canción me recuerda a mi cuñada Milly. El 18 de julio se cumplieron 19 años de su muerte. Fue la primera muerte en la familia de la que fui realmente consciente, pues mi abuela y mi abuelo murieron antes, pero en Buenos Aires, demasiado lejos. Mi cuñada era mi cómplice, mi confidente. Fue la primera que me habló directamente y de forma clara sobre mi lesbianismo. No yo a ella, sino ella a mí. Me lo preguntó sin tapujos, y se lo confirmé. Para mí fue un alivio saber que alguien de mi familia se atrevía a hablar conmigo de algo que yo estaba empezando a sentir... mi cuñada fue una persona entrañable. Una metástasis a consecuencia de una repetición de su cáncer de mama se la llevó... y con ella se fueron muchas cosas, demasiadas para que quepan en un post. Tenía sólo 35 años.
Y cuando escucho esta canción preciosa de Silvio Rodríguez... el llanto se apodera de mí. Son lágrimas mudas, que resbalan sin que yo oponga resistencia.
Hay otras canciones que me tocan la fibra, y que me hacen llorar:
Y alguna otra, que ahora no recuerdo...
No sé qué mecanismo actúa para activar mis lágrimas, creo que la ternura. A veces la pena. Lo que sé es que me llevan irremediablemente hasta situaciones o hasta personas... cada canción tiene su momento, su lugar y su razón de ser.
Creo que limpiar la casa tiene efectos secundarios... mejor me voy a estudiar, que se me echan los exámenes encima.
Abracitos salinos a todas, de la sal de mis lágrimas.
Soy feliz.
15 comentarios:
Hay que ver la fuerza que puede ejercer la música sobre el ánimo. Nos lleva a otras personas y a otros tiempos y nos devuelve las mismas sensaciones como si fueran de ahora mismo.
Me acordaba al leerte de que mi chica para limpiar se pone canciones pachangueras, prefiere a la Carrà. Dice que le entra marcha, alegría y lo deja todo como un sol. Yo prefiero no limpiar jajajaja.
Ay Lena... la música a veces es un arma de dos filos. Yo también tengo canciones de "llorar-y-no-parar" y otras de "bailar-y-no-parar". Celebro la vida de tu cuñada que ha dejado esa huella tan linda en tí. Me has hecho recordar a una amiga muy querida que también se fue por una metástasis, ya hablaré de ella más adelante. Besitos
que bueno que Milly siga viviendo... 35 años no es nada, diosss... a mi la música no me suele hacer llorar, más la poesía, las palabras (ya sabes yo soy más de paabras ;) y como candela prefiero no limpiar!!!
un beso cariñosísimo
Hay canciones que tienen su destinatario: a veces es una persona, un lugar, una época. De manera irremediable, escucharlas nos transporta, y es como si no existiera el tiempo, ni las distancias.
Abrazos.
¡Cuántas horas escuchando a Silvio¡¡ Hermosa canción, a mi también me despierta emociones muy fuertes la música..
pues mira, a mí leerte me hace llorar a menudo y no es una broma ni ninguna tontería, tienes el arte de hacer que me emocione.
Yo para limpiar, hace tiempo me ponía Alaska y Dinarama... ahora soy más tranqui, jeje. Ya me gustaría a mí no limpiar!!!
Gracias, Pena Mexicana... seguimos con conexiones.
Ay, Farala... cuando escuches una buena letra de canción que te toque la fibra, ya me contarás, ya... cualquiera de Manolín García, que es un poeta.
Tienes razón, Sheila, muchísima razón...
besitos salinos
Celebro que te guste Silvio, Ico, eso dice mucho de ti...
Marcela, fía. Es que tenemos la misma tecla tú y yo, la mismita... un abrazo intenso.
terriblemente triste
lo es, Marga, lo es... aunque también tremendamente vital.
Me gusta tu blog y te felicito por la coherencia, lo digo por las fotos.¡Lo siento, pero Silvio Rodríguez nunca me ha gustado! Yo también lloro con algunas canciones, una en especial, "L'aigle noir" de Barbara, ¿la conoces?
Un saludo mexicano desde la patria de la coca-cola.
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