¿Qué tienen en común La bella Irene y la sacerdotisa egipcia Amunet? Pues que ambas tenían tatuajes en sus cuerpos.
No ha sido fácil encontrar ejemplos de mujeres tatuadas pues en los textos antropológicos el término “tatuaje” se encuentra asociado mayoritariamente al mundo masculino, ya que en la historia de occidente está documentado que en otros tiempos era propio de esclavos, peregrinos, marineros, soldados, convictos y viajeros por países exóticos1
La palabra “tatuaje” proviene de una lengua polinésica, de la raíz tatu o tatau, con el significado de marca o golpe, aunque existían en las lenguas europeas términos anteriores para designarlo.
El tatuaje supone la idea de “labrar” el cuerpo, algunos estudios sobre la práctica del tatuaje recomiendan no tomar los elementos y las técnicas de “labrar” el cuerpo como algo aislado. El concepto antropológico del tatuaje vendría a ser una “frontera” donde se produce un intercambio entre lo interior y lo exterior (pues labra la piel y los tejidos subcutáneos). La piel, el cuerpo, gracias al tatuaje se convierte en una doble frontera paradójica: hace de la desnudez vestido y de la pintura cuerpo.
Los rituales que toman el cuerpo como objeto y sujeto, como acción y elemento nos desvelan lo mucho que están entrelazados nuestro cuerpo y nuestra piel con lo social (es decir, con la condición de miembro de un grupo) y con la cultura (es decir, con un sistema de significados compartidos). En cualquier manipulación ritual del cuerpo, que procura signos permanentes e indelebles, como puede ser un tatuaje, se percibe que hay otras dimensiones relacionadas con las nociones culturales de sexualidad, belleza y poder.
El tatuaje ha tenido muchas funciones a lo largo del tiempo. Además de material de adorno, también lo utilizamos como soporte de creencias y de valores estéticos y sociales, pertenencia a clan, elemento de identidad personal y social, propiedad institucional, estigma, protector mágico, memoria personal o colectiva, conmemoración…
Después de esta introducción sobre el concepto antropológico del tatuaje yo me pregunto que si incorporáramos un enfoque de género al mundo de los tatuajes tal vez podríamos establecer motivaciones diferentes según sea el sexo de la persona que se tatúa.
Para responder a la pregunta ¿Por qué nos tatuamos las mujeres? deberíamos hacer un trabajo de campo mediante una encuesta a una muestra significativa de mujeres tatuadas. De este modo encontraríamos motivaciones distintas según la edad, el nivel de instrucción, el estatus social, el país de origen de las mujeres… lo que nos llevaría a pensar si tenemos realmente las mujeres una motivación concreta propia de nuestro género para tatuarnos o al contrario, si entre la diversidad de mujeres y de culturas encontraríamos un espectro amplio de antiguas o nuevas funciones que cumple el tatuaje en nuestros cuerpos.
Como por ahora solamente soy estudiante de antropología, no he hecho ningún trabajo de campo, pero sí os puedo hablar desde mi condición de mujer tatuada. Yo me hice mi primer tatuaje el día que cumplí 35 años. Tengo 40 cumplidos y ya pienso en hacerme el segundo. En mi caso no fue puramente una función de adorno, sino que había un elemento identitario que me llevó a ese primer tatuaje muy lejos ya de la pubertad. Suele ser habitual que quienes se hacen un tatuaje, al cabo del tiempo quieran hacerse otro. Los tatuajes se retroalimentan.
Al in-corporar ese primer tatuaje estaba diciendo algo de mí misma a mí misma y al mundo, estaba mostrándome a la sociedad como alguien que se “atreve” a hacer algo que deja una marca permanente e incluso a sufrir un poco de dolor para conseguirlo. Labrando mi cuerpo estaba gritando mi identidad como reafirmación del “yo”.
No es fácil tomar la decisión de tatuarse y tal vez sea porque estamos constreñidas por una moral que alimenta los convencionalismos y los tabúes, que dicta las normas de urbanidad que se supone debemos acatar más que nadie las mujeres, no solamente las adolescentes, sino también las que hemos entrado hace tiempo en la madurez. El corsé del patriarcado nos aprieta, pero bien. Y en este tema no va a ser una excepción.
Cuando nos tatuamos, en cierto modo estamos convirtiendo nuestra piel en un terreno de batalla en el que se enfrentan el “yo” y la “sociedad” y el cuerpo decorado se convierte en el icono de la victoria del “yo”2.
Nuestro cuerpo tatuado se manifiesta ante el mundo, lo desafía. Lucimos con orgullo nuestros tatuajes pues nos identifican, nos definen, me atrevería a decir que incluso nos protegen…
Los tatuajes y resto de prácticas contemporáneas similares con el cuerpo como pueden ser los piercings nos están diciendo algo de las personas que los llevan. En nuestro imaginario cada persona está interpretando las manifestaciones de in-corporación de maneras diferentes.
¿Se tilda a las mujeres tatuadas de “antisociales”? ¿o solamente estamos hablando de una moda?
Además de las motivaciones para tatuarse o ponerse piercings también se podrían estudiar las reacciones de las personas no tatuadas ante las personas tatuadas. ¿Realmente ya entrado el siglo XXI todavía existen prejuicios, conductas estereotipadas, tabúes? ¿Nos tatuamos en lugares no muy visibles para cuando haya que ir a una entrevista de trabajo pueda disimularse? O en cambio, ¿para poder lucirlo en todo su esplendor, o incluso para marcar los límites identitarios y para que sirva como carta de presentación, nos tatuamos en lugares visibles? ¿existen verdaderas tribus urbanas alrededor del mundo de los tatuajes y los piercings?
Una vez encontrada la motivación personal para hacerlo, luego nos pueden surgir otras disyuntivas difíciles de solucionar: ¿qué me tatúo? y ¿dónde me tatúo?. El lugar del cuerpo que va a servir de base a nuestro(s) tatuaje(s) no es superfluo. Y el motivo (dibujo, palabra, etc.) tampoco. Conozco mujeres que no se tatúan porque no se deciden todavía a elegir la zona de su cuerpo que les gusta más. Si el cuerpo tiene sus razones, habrá que preguntarle. Y el cuerpo tendrá que respondernos. Cada tatuaje tiene su sitio específico, y cuando lo encontremos lo sabremos inmediatamente.
Y ahora, haciendo un salto conceptual un poco más profundo, me viene otro interrogante a la mente: Si sale de nosotras la decisión de tatuarnos, ¿tenemos todas la misma libertad para hacerlo? ¿somos dueñas de nuestro cuerpo, de nuestra piel? ¿todas?
Contestar a esta pregunta no necesita de ningún trabajo de campo. Necesita de visibilizar un concepto que el feminismo ha sacado a relucir y que no es otro que el de “empoderamiento”. Solamente si nos empoderamos, si somos capaces de tomar nuestras propias decisiones en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida, las mujeres seremos libres de actuar sobre, con y en nuestro propio cuerpo pues nos pertenecerá por completo, y con ello, resucitaremos uno de los primeros lemas del feminismo: haremos que lo personal siga siendo político, que el tatuarse, para algunas, pueda ser considerado un acto de militancia.
P.D.: en el MyS se olvidaron de incluir la bibliografía consultada y las citas, aquí están:
Bibliografía consultada:
“Cuerpo y espacio: símbolos y metáforas, representación y expresividad de las culturas” Honorio M. Velasco Maíllo. Editorial Universitaria Ramón Areces. Madrid, 2007.
Citas:
1 (Caplan , 2000)
2 (Siverstein 1981 citado por Rosenblatt)
Esta versión que publico aquí es la inicial, la que salió publicada tiene pequeñas variaciones de la editora y amiga mía Leonor Taboada Spinardi, directora de esta publicación.
Dedicado post escriptum a mi amiga Glora. Busca tu motivo y lánzate!!!
19 comentarios:
Lindo e interesante tema. Déjame darte mi opinión personal. Hace un tiempo atrás, veia el tatuaje como algo de personas con una dudosa reputación: si era mujer, era una "cualquiera", y si era un hombre, un delincuente, o un "tiguere", como se dice aqui en Dominicana. Este no era un criterio sólo mio, sino que era generalizado. Con el paso de los años, con los cambios que ha dado la sociedad, la cultura, ya no se ve igual el tatuaje. Ahora muchas mujeres y hombres también lo llevan, sin que necesariamente tengamos que poner en duda su "honra". A mi particularmente me ha dado el deseo, medio tímido, de tatuarme en una parte íntima de mi cuerpo, como las nalgas, el abdomen bajo o en un omóplato. Considero que un tatuaje delicado, sutil, es hermoso y sensual en una mujer.
Preciosa... menudo empujón acabas de darme... es curioso este deseo de tatuarme, es un deseo que parte desde muy adentro...
Tu artículo, lo voy a imprimir para releerlo despacito, y subrayarlo y todo... ☺
Qué tatuarme, lo tengo claro... me interesó siempre todo lo que viene de Egipto y esta llave nunca me deja indiferente. En cuanto al lugar, también lo sé: la pierna izquierda, por encima del tobillo, (desde jovencita tengo una lesión en la cadera derecha y, ha sido la parte izquierda del cuerpo, en especial esta pierna, la que me ha mantenido, y merece un reconocimiento).
Sobra decir que cuando me lo haga te lo diré... y lo verás, claro!
GRACIAS por todo preciosa. Muchos besos volados para ti, Amapola y toda la familia gatuna y perruna.
Pd. Me ENCANTA tu tatuaje
Me ha encantado tu artículo. Explica claramente las razones por las que yo vengo dádole vueltas al tema de tatuarme desde hace tanto tiempo, debo darme prisa si de verdad quiero hacerlo porque si sigo dudando para cuando venga a darme cuenta el tatuador tendrá que hacerme antes un lifting jajajaja
Uno de mis problemas es que tengo en mi cabeza dos diseños que quiero, pero soy una negada para el dibujo (aunque son muy simples) y no he sido capaz de describírselo a alguien para que me lo haga y que quede como yo lo quiero... Besitos
¡glora tatúate! ¡pena! jajajaaaaa... (perdón por la intromisión, Lena, pero no podía evitarlo) maravillosa entrada, me han dado ganas de tatuarme, pero el dolor me echa para atrás... sniff
Jo, he disfrutado leyendo este post. Aunque tengo que reconocer que no me tatuaría nunca, no me gustan "las marcas".
hola guapa;
he disfrutado leyendo tu artículo. Tengo en mi biblioteca una pequeña joya llamada «Tatuajes y amuletos marroquíes», editada por el Instituto de Estudios Africanos en 1949, que habla extensamente del tatuaje en el norte de África, con una enorme carga política y social (lo dejo a tu disposición, por si alguna vez puede serte útil).
besos,
Muy interesante el tema de tu post y tu post completo.
En lo personal, considero el tatuaje como una marca de identidad de mi propia vida, y de mis propios conocimientos, experiencias y aprendizajes.
Me parece que hacerlo en la piel, más que para el afuera, tiene que ver en mi caso con una marca muy propia, muy para mi, para verlo siempre, para recordarlo siempre, para no perderme de mi misma.
Quizás tenga que ver con mostrarles a los otros mi particularidad, no lo se, es muy interesante el tema.
Yo tengo 3 tatuajes que me hice en diferentes momentos de mi vida, para recordar siempre situaciones que me obligan a salir adelante mas alla de todo.
Son 3 kanjis: Agua, primavera y mujer.
Muy pocos saben cual fue el motivo por el que me los hice, y que significan para mi.
Te mando un beso caluroso desde buenos aires!
Lila
Yo una vez quise hacerme un tatuaje por cosas de traumas y tal, en plan "así no se me olvida lo que he pasado con fulanita". Luego pensé que vaya tontada, que ya para eso tenía la memoria y que si necesitaba acordarme de algo, en tanto no se me vaya la neurona de vacaciones, ya me acordaré, ya.
además, si a mí me duele hasta hacerme las cejas... quita quita.
Claro que tu artículo es muy interesante :-)
Interesante reflexión.. comprendo las razones que expones... pero tan por cuestión estética, no me gustan los tatuajes, no me tatuaría nunca...
Claro: empowerment. Ésa es la clave...
Las preferencias personales vienen luego. A mí no me gustan los tatuajes, pero estoy pensando seriamente ponerme piercings, para mí muy significativos: en los pezones.
Besos
qué interesante el post. Pero no me tatúo, no, no, que hace dañín.
Tu artículo es muy interesante, pero creo que ahora ya no está tanto en tatuarse o no sino en cómo tatuarse y en qué zona. Tengo 20 años (que puede ser relevante decirlo) y cuando estaba en clase a los dieciséis/diecisiete años, ellas hablaban de tatuarse alguna greca en la baja espalda como zona preferida o hacerse piercings en el ombligo... Ellos eran más de tatuarse los brazos o la espalda y así. Y los motivos que se tatuaban eran diferentes. Vamos, que resultaría raro que una chica se tatuara una calavera en un bíceps fibrado, pero no que se hiciera un piercing en el ombligo y en tatuaje casi-culero.
Yo, por mi parte, no me haría ni un tatuaje. Quita, quita, qué dolor.
Ah, y yo no me hago las cejas.
Buenas;
me es necesario denunciar al siguiente blog por su contenido pura y exclusivamente homofóbico. Por favor entren allí y denuncien:
www.hiromisexy.blogspot.com
Gracias.
Me ha encantado el artículo porque me ha hecho comprender las razones por las que algunas personas deciden tatuarse. Pero me pasa comoa la mi Marcela: duele, y yo, eso del dolor, a mayores gratuito, como que no.
Sheila: es cierto que con los años la visión del tatuaje ha ido modificándose, si encuentras algo que realmente te guste, no dejes de tatuártelo, seguro que te quedará muy hermoso.
Glora: ardo en deseos de ver ya tu tatuaje! lo que has decidido tatuarte es muy bonito y tiene un cierto parecido con el símbolo de venus (la mujer). Anímate y verás qué bien te sientes después!
Penita: te ofrecería los servicios de mi amiga Silvit, que fue quien me ayudó a diseñar mi tatuaje... si me cuentas lo que quieres, tal vez ella pueda hacer tu diseño. Envíame la idea por mail.
Farala: el dolor es rápido de pasar, jejeje... si te apetece, que no te eche para atrás esto, que otros sufrimientos sí que los pasamos con dignidad...
Dintel: pues si no te gustan las marcas, no hay nada más que hablar, jajaja
Maslama: me encantará leer esta joyita antropológica (eso sí, después de mis exámenes, por favor)
Lilus: muy interesante lo que expones, sobre todo el hecho de que te hayas tatuado para tí misma, que creo que en el fondo debería ser la primera motivación. Me encantaría ver tus tatuajes!
Ave: jajajaja... ni las cejas??? no necesitas tatuarte para acordarte de lo que no quieres repetir, efectivamente, buena decisión.
Ico: no te tatuarías por estética?
Olga C: yo me puse un piercing en la ceja... pero me lo quité al cabo de un mes, notaba que me hacía una cara demasiado agresiva... no sé... admiro tu valor al querer ponerte piercings en los pezones, estéticamente molan mucho, aunque definitivamente lo mío no son los piercings en mi propio cuerpo, prefiero los tatoos.
Marcela: jajajaja... tú como la faraláez!
Klaudina: gracias por ilustrarnos en este tema en la juventud, es muy interesante tu aportación.
Butchandroll: gracias por avisar.
Mármara: fía, ya hacéis un trío con Farala y Marcela. Comprendo que el dolor sea un motivo. Lo comprendo...
Gracias a todas por vuestras aportaciones.
Jaja, creo que claudina tiene razon, casi casi que lo que tendria que explicar una jovencita de hoy es por que no se tatua!.
Me ha gustado mucho el articulo. Muy interesante.
Gracias por tu aportación, Hokke!! bienvenida a este humilde blog.
Un abrazo salino.
Me ha encantado este post :)
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