miércoles, 17 de febrero de 2010

Necesidad de sol


No se sabe hasta qué punto se necesita una sensación hasta que se lleva mucho tiempo sin ella y vuelves a sentirla. Hace semanas que aquí en Palma (y en el resto de España) hay una borrasca tras otra, el cielo encapotado, un frente frío, un viento gélido, una lluvia persistente, agua-nieve, calabruix (granizo) e incluso nieve, sí, más nieve que en las últimas dos décadas juntas. Y la sensación que ha regresado a mí es la de sentir el sol. Justo ayer. Nunca había deseado con tantas fuerzas que regresara el verano, así, directamente el verano. No sólo el “buen tiempo” o incluso la fase previa que es “la primavera”, sino que llegue ya el verano de una vez. Y me sorprende en mí este ferviente deseo… aunque si lo analizo bien no debería sorprenderme tanto ya que soy muy dada a los extremos… estoy tan cansada de tanto frío que pienso en pasar mucho calor!! Soy así de rarita (a mí no me gusta tomar el sol en verano y ahora adoro la sensación del sol mientras voy en moto y soy capaz de pararme unos metros antes de la línea blanca de un semáforo en rojo si allí hace sol).



Ayer mi sobrino Miguel Ángel, que ha sido papá por segunda vez y me ha hecho a mí tía-abuela (y ya van cinco veces por parte de tres sobrinos distintos) me dijo una frase hermosa, sobre la necesidad de reinventarse y las dificultades que conlleva. Nunca pensé que hablaría con él de estas cosas, a veces los sobrinos maduran y una no se entera de cómo ha sucedido, eran unos mocosos y de repente son padres… Desde que mi madre murió se ha perdido el nexo de unión, el anclaje que nos mantenía en contacto a toda la familia, por eso conozco más a mis dos primeras sobrinas nietas que a mi tercer y cuarto sobrinos nietos… ahora ya no tenemos apenas espacios comunes, como antaño fue la casa de mi madre, que aglutinaba a la familia que acudía para visitarla y/o cuidarla. Intuyo que si no aprendemos a crear espacios nuevos comunes (no necesarioamente lugares físicos) corremos el peligro de convertirnos en personas desconocidas que ocasionalmente cenan juntas un día al año, en fechas indicadas expresamente para ello, celebrando una ceremonia desfasada, desvirtuada y totalmente anacrónica, gastando y consumiendo cosas que no necesitamos y transmitiendo una felicidad que puede ser (o no) ficticia. 

Foto hecha por Amapola y colgada en el blog con el consentimiento del padre de la criatura.

El nacimiento de un ser siempre es un acontecimiento, ayer tuve al pequeño Rubén en mis brazos y lo miraba como siempre he mirado a las criaturas recién nacidas, con estupor, con admiración, con respeto, con la verdadera sensación de estar persenciando un milagro pagano de carne y hueso. Y cualquier nacimiento te recuerda su antagonista, la muerte. Otro bisnieto que mi madre no ha podido conocer, pero al que seguro que va a proteger.

Voy a buscar tiempo dentro de mí, para mí: para gozar de la buena temperatura que está empezando a despuntar en esta isla en la que tengo el privilegio de vivir, para hacer más ejercicio físico al lado de la mar y combinar mar y sol, sol y mar, para compartir más vida con la gente a la que quiero y para dejarme sorprender todos y cada uno de los días con emociones nuevas que permitan reinventar-me.

9 comentarios:

Victoria dijo...

Hoy me preguntaba yo dónde se ha escondido el sol. REINVENTARSE. Coge un frasco. Llénalo de sol, de arena y de agua d mar. Por favor, envíalo en paquete urgente a cicatrizdepirata.blogspot.com.
Gracias.

Morgana dijo...

Ayyy, síiii, un poquito de sol por favoooor... Yo también tengo muchas ganas. Hoy, por aquí, cae el diluvio universal.

Es una cosa mágica e irrepetible, ¿verdad?, el tener a un bebé en brazos. Yo diría que es un contacto que despierta lo ancestral y por eso nos recuerda a la muerte y a la vida, las dos cosas son la misma cosa. Y nos quedamos sin palabras y con una gran alegría y añoranza a la vez.

Dale la bienvenida a Rubén de mi parte, susúrraselo al oído, que la Gata Morgana le da la bienvenida, él me entiende.

Besos!

Candela dijo...

Bueno, pues a mandarle solecito a Lena. Por mí la lluvia puede quedarse encima de mi techo ¡Cuánto me gusta! No me canso de la lluvia. Un besote.

Pena Mexicana dijo...

Cuando vivía en mi Monterrey, adoraba los días de lluvia porque eran escasos. Ahora añoro el sol porque este invierno ha sido muy lluvioso... una nunca está conforme :)

nocheinfinita dijo...

No tienes sol, pero al menos tienes el mar. Yo ninguna de las dos cosas. :)

Y lo de reinventarse, creo que eso de vez en cuando es necesario.

Un beso cálido, aunque en mi pueblo hasta el Tajo está congelado.

noche

Marcela dijo...

pues no veas cómo se necesita le sol por el norte, que esto es gris demasiado tiempo al año, me cagüen lo gris. Qué bebé tan hermoso y te han hecho tía-buena, hija qué suerte, ajajjajaa.

Patricia dijo...

hola! buceando un poco he llegado hasta aquí! tienes un espacio muy grato y un precioso bebé en los brazos!!!
saludos!

Mármara dijo...

Incluso a mí, que soy tan del norte y que adoro la lluvia, se me está haciendo un poquitín cuesta arriba este invierno.
Hoy, esta climatología adversa me ha regalado un medio día soleado que aproveché para pasear con mis perrinos por el Parque de Invierno que, como su nombre indica está, todo él, orientado al sureste. Una gozada.
Enhorabuena por ese nuevo miembro de la familia.

Lena de mar dijo...

gracias a todas y bienvenida, Patricia, a este humilde blog. Cicatriz de pirata, ya te he mandado tu bálsamo y morganita, será saludado de tu parte el bebé Rubén.

Disfrutemos de la vida, que es hermosa haga el clima que haga!!!

abacitos salinos y llenos de ternura