sábado, 19 de marzo de 2011

Mudando-nos

Cada cuatro años se inicia un nuevo ciclo en mi vida relacionado con las casas en las que habito con mi familia: Amapola, Gulli, Lis y Clara. En el 2003 nos fuimos de Palma y nos mudamos a un pueblo del interior de Mallorca, Costitx. En 2007, unos meses antes de fallecer mi madre, nos mudamos de nuevo a Palma y ahora, cuatro años más tarde, nos volvemos a mudar dentro de la misma ciudad.

Vuelvo al barrio de mi infancia, donde crecí y viví hasta los 6 años. Hoy he disfrutado de pasear a Gulli y a Lis en un parque que mantiene mucho de lo que había entonces casi intacto. En el paseo de las palmeras, que está encima del puente, yo aprendí a montar en bicicleta; con mis amigas y amigos conseguimos unas cerbatanas caseras (con tubo de PVC) y hacíamos guerrillas de dátiles de un lado a otro de la calle principal. En esa misma calle vivían tres hermanas: María, Feli y Virginia, con las que me pasaba el día entero jugando y a las que recuerdo con mucho cariño. Feli, la mediana, era un poco más mayor que yo y era con la que me llevaba mejor, su hermana mayor, María, era muy guapa y muy tímida, Virginia, la pequeña, era la más gamberra. No las he vuelto a ver nunca más y me encantaría saber de ellas, bueno, hace muchísimos, muchísimos años coincidí con Feli en la calle, pero desde entonces no sé nada más. No recuerdo sus apellidos, por tanto, no puedo rastrearlas en las redes sociales.

Volver a pasear por las calles cercanas a la casa en la que viví me hacen sentir una nostalgia agradable, es como sentir que mis raíces siguen firmes, como si pudiera escuchar la risa de mi madre o su beso de buenas noches. Nos vamos acercando más a nuestro sueño de vivir cerca de la mar... sigo deseándolo con mucha fuerza y sé que tarde o temprano será realidad.

En estos momentos estoy agotada por la mudanza y muy feliz por ver el sol entrar por el balcón acristalado. Desde aquí puedo ver el Castell de Bellver por las noches como si fuera un espejismo iluminado entre tanta oscuridad.

No pienso perderme la súper luna de esta noche... desde nuestra pequeña terraza podremos disfrutar su brillo y su tamaño aumentados por un efecto óptico milagroso. Será una luna romántica para una pareja romántica.

Está claro, podemos cambiar de casa mil veces, pero mi hogar seguirá estando donde esté mi amada Amapola. No imagino ningún sitio mejor.

Abracitos salinos

P.D.: y cambiando de tema... aúpa Atletiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii

5 comentarios:

Mayela Bou dijo...

Es tan rico sentir esa sensación de volver a la niñez, a veces nos la trae un lugar, un olor o un sabor.
Me alegra mucho Lenita saber que vas llegando cada vez mas cerca a la orilla de tu mar, ese sera seguro el lugar del cual ya no te moverás y podrás estar con Amapola y toda tu familia disfrutando de lo que mas amas.
Siempre es un gusto leerte guapa, saldos para Amapola.
Besos.

mam dijo...

¡Qué bonitoooooo! y que suerte, sobre todo por por poder ver el castillo cada noche ,es de mis recuerdos favoritos desde casa de mi tia (ahora se lo han tapado con un nuevo edificio) Os deseo toda la felicidad del mundo en la nueva casa. ¡A disfrutar!

Mil besos

chris dijo...

Un nuevo hogar, un nuevo ciclo y la ilusión de compartirlo con quien amas. Me imagino que las emociones se apoderan de vosotras y aunque todavía no hayas alcanzado a estar junto al mar, la compañía es inmejorable.

Un abrazo para las dos!!

Marcela dijo...

felicidad para vuestra nueva vida en esa nueva casa...y yo que lo vea pronto. Un abrazo inmenso para toda la familia.

maslama dijo...

hola guapa;
este post me supo a melancolía, a esperanza y (no sé explicar el motivo) a mar. Gracias por compartir algo tan íntimo, y la mayor de las felcidades en vuestra nueva casa

besos,