domingo, 22 de julio de 2012

Ha sido hoy.

Ha sido hoy. Hoy, día 22, domingo. He comido con mi hermana Tere y mi cuñado Joan en su casa. Amapola ha tenido día de guardia en su trabajo y he ido sola. He aparcado en la calle transversal el coche que mi cuñado y mi hermana me han prestado. Subiendo la cuesta en dirección al edificio, me han inundado recuerdos de niñez, de juegos, de travesuras. Abriendo la llave de la puerta de entrada a la finca ha sido la taquicardia la que me acompañaba. Cinco pisos, ochenta escalones exactos y hasta llegar al tercer piso los he aguantado bien, los dos últimos, resoplando. Llego al rellano del quinto, una sola puerta. El letrero dorado con los apellidos paterno y materno y sus iniciales me ha dado la bienvenida. He introducido la llave nueva, de la cerradura nueva, de la vieja casa que algún día llamé mía. Emoción empañada de nostalgia, pero nada más. He nombrado enseguida a uno de los tres perros de mi hermano, el líder, Pumuki, y todos han reconocido mi voz, no me han ladrado. He nombrado a los otros dos: Draki, Pitus. Se han alegrado de verme como solamente los perros saben hacerlo. Emoción empañada de ternura, pero nada más. No me he atrevido a salir a la terraza, no todavía. He ido a la cocina, está distinta. He ido al baño, cortinas verdes, me gusta este color. He ido a las habitaciones, recorriendo las estanterías con sus libros, algunos míos y otros de mi hermano, gran apasionado de la lectura en su juventud. He entrado con cautela en la habitación donde cosía mi madre, está intacta, sigue su máquina de coser ALFA, aunque ya no está el sillón orejero azul que Amapola me regaló y que, en los últimos meses de enfermedad de mi madre, se lo llevamos para que estuviera mas cómoda. El jergón donde dormía mi hermano estaba tal cual lo recordaba. Emoción empañada de tristeza amarga, pero nada más.

Pitus sentado y Draki en primer plano

A final me he decidido a salir a la terraza, los perros me han lamido los dedos de los pies, les he acariciado y me costaba mirar a los ojos de Draki, porque en ellos he podido comprobar que la fidelidad de un perro a su dueño perdura incluso mas allá de la muerte. Los ojos de Draki eran un espejo en el que me he visto muy nítidamente. La casa de mi madre, la casa familiar, ya solamente son recuerdos. Me he sentido extraña no pudiendo evocar olores, y tampoco me han venido sonidos, ni murmullos, ni risas, ni ladridos... todo entraba por mi canal visual... y lo he ido fotografiando no como una Lena en su rol de hija y de hermana, sino más bien como una Lena antropóloga haciendo un trabajo de campo. He podido conocer de primera mano el concepto de extrañamiento, pues todo me parecía nuevo siendo viejo, ajeno siendo propio... y esta sensación de vacío es la que más me ha impactado. Un vacío que significaba lo que ya intuía, que ya no pertenezco a donde una vez moré, que la casa en la que tantas Navidades hemos celebrado en familia ahora es una cáscara de nuez flotando en un mar urbano, sin brisa que la pueda llevar a buen puerto.

Porque yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa, como dijo el poeta*...

Ha sido hoy. Y tan sólo hace unas horas. Ahora, desde la calma de la noche que empieza a acontecer y con el dulce abrazo de Amapola, el cobijo de Clara, Gulli y Lis y la mar, el gran azul ahora casi negro... ya puedo decir, sin ningún temor a equivocarme, que he vuelto a casa. Este es mi hogar y me doy la bienvenida.

Mi madre y mi hermano siempre estarán en mi corazón acompañando mis días y mis noches, los honraré desde el recuerdo del amor mutuo que nos hemos regalado. Hoy he podido despedirme de Toni y permitirme a mí misma cerrar un ciclo y empezar otro distinto. Gracias por acompañarme en mis duelos y en mis consuelos. Es la única manera, que conozco, de crecer.

* En el Romance sonámbulo, de Federico García Lorca. 


P.D.: la banda sonora de esta despedida podría ser este fragmento de "pájaros de barro" de Manolo García: "ya no subo la cuesta que me lleva a tu casa, ya no duerme mi perro junto a tu candela... en los vértices del tiempo anidan los sentimientos, hoy son pájaros de barro que quieren volar..."

8 comentarios:

Marcela dijo...

Estas catarsis son necesarias y tú eres muy valiente. Disfruta de la vida como tú sabes. Besín

farala dijo...

ufff y encima has escogido un 22... yo vuelvo poco dónde LQMP porque está el desafecto, pero hasta el olor de la casa me deja unas horas desmadejada...

farala dijo...

están en ti, eso es lo que he leido en tu post.

Pena Mexicana dijo...

Un fuerte abrazo mi niña preciosa, me dejas pensando que quizá debí entrar en mi casa cuando fui a venderla, para cerrar ese círculo... pero no tuve valor. Eres toda una mujer! muchos besitos con todo cariño para tí, para tu bella Amapola y para la familia cuatropatas :)

chris dijo...

Mientras te leía me recorrían escalofríos...Qué valiente por ser capaz de atravesar el umbral de tantas emociones...

¿No te gustaría pasear con los perros de tu hermano? He pensado que sería una manera hermosa de mantener un cierto vínculo con él desde la alegría, a través de los animales que tanta paz y amor te dan.

Un abrazo enorme, preciosa.

PD Visto el panorama, espero que Amapola no tenga mucho lío este verano. Dale recuerdos.

Lenteja dijo...

Felicidades.
Lo que fue, de alguna manera está, aunque ya no es. :)
Besos.Lenteja

desde la balconada dijo...

A veces me embeleso con tu capacidad para conjugar tierra y aire, agua y firmamento.
Te admiro profundamnete querida Lena.

Un abrazo grande desde el universo que nos configura.

LA DESGRACIÁ dijo...

Te leo, aunque pocas veces te comento. Pero hoy.. hoy escribo que no puedo escribir nada. Emoción.

Besos